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  • UNYKA 16:46 el 10 January, 2011 Permalink | Responder
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    La trama oculta del por qué faltan billetes! 

    Viaje al centro de un cajero automático: la trama oculta del por qué faltan billetes

    Las dificultades que encuentran los argentinos a la hora de querer retirar dinero han escalado con una fuerza inusitada. Un cóctel de limitaciones, muchas de ellas difíciles de resolver, hace que la “crisis de efectivo” se intensifique. ¿Es un problema pasajero o llegó para quedarse un buen tiempo?

    Viaje al centro de un cajero automático: la trama oculta del por qué faltan billetes

    Por Fernando Gutiérrez – Paola Quain

    Largas filas de gente. Sus rostros denotan el malhumor creciente.

    “Es el quinto cajero que recorro y no puedo retirar efectivo”, se queja Enrique A., en el barrio de Belgrano, que además mira la hora y se enoja por el tiempo que ya lleva perdido en su odisea por hacerse de algunos billetes de $100.

    Y lo que le sucede a Enrique es lo que le viene ocurriendo a miles de argentinos que enfrentan desde hace tiempo la misma situación.

    Este tema escaló tanto que es candidato a transformarse en una de las “postales” de este nuevo veranito argentino, modelo 2011.

    Mas aún, es el “cuello de botella” que faltaba. Y que viene a sumarse a la escasez demonedas, de nafta o de luz.

    A este cuadro se le suma la falta de suficiente oferta de algunos alimentos, como la carne, que no hace más que impulsar a la suba los precios.

    El no contar con la cantidad necesaria de billetes para hacer frente a la demanda es un tema que no sólo genera fastidio en los argentinos.

    También suma preocupación en las entidades bancarias, en el Gobierno y en las autoridades provinciales.

    Es que sus efectos se hacen sentir con fuerza. A punto tal que los empleados estatales de la provincia de Buenos Aires tuvieron dificultades para hacerse de sus salarios, en tanto que en Córdoba los funcionarios optaron por desdoblar el pago en dos y en el Chaco recurrieron a la entrega escalonada de dinero. Esto, por citar algunas provincias.

    El problema de la escasez de billetes en los cajeros automáticos no es algo que vaya a solucionarse de un día para el otro.

    Más bien la preocupación oficial viene dada porque puede tender a agravarse. Y esto se explica por las razones de fondo que impulsan el faltante.

    ¿Por qué ocurre?
    La explicación del por qué todo esto ocurre, puede resumirse en pocas palabras: la demanda aumenta y la oferta se reduce.

    Una combinación explosiva, que lleva a que la falta de dinero escale rápidamente posiciones en el ranking de temas que generan mayor malhumor entre los argentinos.

    iProfesional.com indagó algunas cuestiones que valen la pena destacar. En primer lugar, sobre la magnitud del problema en cifras:

    • En diciembre de 2010, la extracción promedio en la red Banelco era de $645 por persona.

    • Vale decir, casi un 30% más que los $500 que se retiraban en diciembre de 2009, según la información brindada a iProfesional.com por fuentes bancarias.

    En segundo término, subyace una cuestión no menor: la propia limitación que tienen los cajeros para alojar una determinada cantidad de billetes físicos, que no puede aumentar y va quedando así cada vez más rezagada frente a una inflación de dos dígitos que, finalmente, deriva en una mayor necesidad de efectivo por parte de la población.

    En tercer orden, el crecimiento del monto extraído en volumen en apenas un año ha sido abismal. El siguiente cuadro, suministrado a este medio por Banelco, es más que elocuente y da una idea del “mayor esfuerzo” que le representó a cada entidad hacer frente a la demanda:

    Tales limitantes se ven agravadas por la falta de circulante, tras las dificultades acaecidas en la Casa de la Moneda.

    “Hasta hace unos años, los problemas de faltante nunca ocurrían de lunes a viernes, y sólo podía haber algún que otro inconveniente los fines de semana o feriados. A los bancos les alcanzaba con una reposición diaria de billetes. Pero hoy ya no es suficiente“, señala Jorge Nuré, un experto en la materia que trabajó para las firmas IBM, NCR y Diebold.

    Nuré agrega: “De hecho, hay sucursales que a las 10 de la mañana ya se quedan sin dinero“.

    Como es lógico, la fuerte suba de precios es la que explica este “cuello de botella”.

    Como se requiere más plata para hacer una misma transacción, y el Gobierno se niega a emitir billetes de mayor denominación -por ejemplo de $200- eso lleva a que los cajeros se vacíen cada vez más rápido“, afirma, off the record, un ejecutivo del área canales de un banco que forma parte de la red Banelco.

    La circulación de billetes de $200 es un reclamo que la banca le viene realizando al Gobierno, como forma de paliar el problema.

    No resulta un planteo descabellado si se tienen en cuenta los billetes de mayor denominación de otros países. Sin ir más lejos:

    • En Brasil el papel que dice “100 reais” equivale a $243.
    • En Uruguay, el billete de 1.000 pesos equivale a unos $200 de la moneda local.
    • Por no mencionar, claro está, el hecho de que el billete de 100 dólares estadounidenses representa $400.

    Hasta ahora hubo una negativa oficial de plano dado que, convalidar la propuesta de crear un papel de mayor denominación significaría avalar que el país ostenta una alta inflación, algo que los funcionarios se cuidan de no mencionar.

    Viaje al centro de un cajero
    Si la situación actual pudiera ser observada desde las propias “entrañas” que componen un cajero automático – o ATM como se lo llama en la jerga bancaria- podría entenderse más fácilmente la actual crisis por falta de cash.

    Al respecto, Nuré explica que, en general, tienen una capacidad máxima de 3.000 billetes en cada una de las cuatro gavetas o cartuchos.

    “Pero es raro que se use esa capacidad máxima. Entre otras cosas porque los billetes deberían ser todos nuevos, recién salidos de la imprenta. Se trata de máquinas que son calibradas para un sistema de reconocimiento muy fino. De manera que si se cargan con billetes usados o con arrugas, se debe colocar menos cantidad”, afirma.

    Esta situación hace que funcionen, en muchos casos, a la mitad de sus posibilidades.

    En tanto, el ejecutivo de un banco, que prefirió no ser mencionado, agrega que cuando se carga una cantidad demasiado alta de billetes, “se corre el riesgo de que el ATM falle y no pague nada”.

    Por otro lado existe una limitante operativa, dado que los bancos no pueden únicamente cargar de $100, sino que deben mezclar denominaciones menores: “La gente demanda cambio”, señala el ejecutivo.

    Por otra parte, el sistema hace que, ante la “duda” de si hay dos billetes pegados, o si uno está muy arrugado, o si tiene una tinta diferente, el cajero los descarte y los tire. Y no sólo al billete en cuestión, sino a todo el fajo que se pretendía retirar.

    Por ejemplo: si una persona quiere extraer $1.000 en 10 billetes de $100 y la máquina no detecta problemas con los primeros 9 pero sí con el último, entonces descarta todo ese puñado de pesos. En consecuencia, ésta se vacía en un tiempo mucho más rápido.

    ¿Por qué cobra relevancia ahora este tema? Porque la escasez que se produjo, producto de los problemas en la Casa de la Moneda, exacerbó esta dificultad.

    Incluso, la misma no pudo ser resuelta del todo, aun con la llegada de nuevos paquetes de $100 impresos en Brasil.

    Sucede que varias máquinas no logran reconocerlos, producto de algunas mínimas diferencias respecto de los que se confeccionan en la Casa de la Moneda.

    La cuestión sobre los billetes impresos en Brasil (100 millones de papeles, es decir un total de $10.000 millones) siguió escalando y hasta generó una amarga polémica entre el gobernador de Córdoba, Juan Schiaretti, y las autoridades del Banco Central.

    El mandatario afirmó que “los billetes impresos en Brasil tienen un gramaje y una tinta distinta a la que se venía usando. Y cada cajero automático sólo despacha si está calibrado para ese tipo de billete”.

    ¿Es negocio para los bancos un cajeros lleno?
    Pero los problemas no terminan allí, porque el sistema de cajeros hace que haya ineficiencias difíciles de resolver.

    Y que además no siempre los bancos tengan incentivo como para mejorar su servicio.

    Ocurre que los ATM que están ubicados dentro de las sucursales cuentan con un servicio diario de reposicióngeneralmente entre las 15 y 16 horas, cuando se hace el corte para el balance cotidiano.

    Hasta hace poco, dicha reposición era suficiente para satisfacer la demanda. Pero ahora sucede que en las zonas más concurridas resulte necesario contratar reposiciones extraordinarias.

    Y ello les significa a las entidades fuertes costos adicionales, más allá de cuestiones gremiales vinculadas – nada más y nada menos – con quien los debe transportar: “Los Moyano”.

    “Las cargas extra no están contempladas en el abono mensual pagado a la transportadora. Además los costos ligados al seguro son mayores”, expresa el directivo de uno de los principales bancos.

    La fuente señala que “tenemos un tope en la cantidad de dinero a cargar en las máquinas, que varía según la ubicación en la que ésta se encuentre. Si se supera ese límite, el seguro no cubre al banco ante un robo“.

    El entrevistado reconoce que el panorama actual es un verdadero dolor de cabeza para los bancos, que sienten cómo su imagen pública se deteriora, cada vez que un usuario encuentra el fatídico cartel de “fuera de servicio“. Y explica que hay limitaciones técnicas difíciles de superar.

    “Por ejemplo, luego de los fines de semana, es muy factible que los ATM estén sin plata. Y no se pueden cargar de inmediato por una cuestión mínima de seguridad. El retraso en abrir la cerradura del tesoro de la sucursal, que requiere de -como mínimo- 30 minutos, sumado a la logística de transporte, hace que haya que esperar hasta las 15 horas para reaprovisionar”, aclara.

    En este contexto, quienes llevan las de ganar son aquellas entidades que cuentan con convenios de recaudación y se hacen del efectivo circulante por cobrar impuestos y servicios.

    En este sentido se destaca el Galicia.

    Sin embargo, hay también quienes afirman que, a la hora de sopesar costo y beneficio, hay entidades que incluso prefieren correr el riesgo de que sus cajeros se queden sin billetes.

    “Para muchos bancos, tener los cajeros llenos no es negocio. Esto es así porque en sus balances ese dinero figura como inmovilizado, cuando podrían estar aplicados a una inversión que deje rentabilidad“, argumenta Nuré.

    “El cálculo de cuánto dinero tiene que tener un cajero es muy fino. Y entre poner de más o de menos, muchos bancos prefieren que haya de menos”, agrega el experto.

    Cultura del cash
    Finalmente, la escasez de billetes en los cajeros está ligada a un tema cultural más complicado de resolver.

    En la Argentina se sigue utilizando mucho dinero en efectivo, y los retiros son por sumas grandes, cuando se las compara en términos relativos con lo que ocurre en otros territorios.

    A fin de cuentas, en un país donde el salario promedio que mide el Indec es de $4.000, la extracción promedio de $645 implica un 16% del ingreso.

    En las naciones muy bancarizadas y donde abundan las sucursales tanto bancarias como de las redes comerciales, la gente hace retiros pequeños, apenas para las necesidades inmediatas.

    Aquí, en cambio, cuando se acredita el sueldo se estila hacer retiros importantes. Podría decirse que en la Argentina se extrae cinco veces más que en otros países, en términos de paridad”, destaca un experto del sector.

    Los porcentajes de variación de los volúmenes movilizados en los cajeros dan una pauta de que, lejos de disminuir, el uso del cash se incrementa y sigue, como mínimo, a la variación inflacionaria.

    Es así que la extracción promedio hoy es casi un 30% más alta que la de hace un año.

    Y a la problemática actual se suma un factor de extrema relevancia. En efecto, los problemas vinculados con el delito han cambiado sobremanera la geografía de extracción de dinero.

    “La gente tiende a retirar efectivo principalmente de las terminales percibidas como más seguras, tales como las ubicadas dentro de los shopping centers o estaciones de servicio. Esto hace que el sistema pierda eficiencia, porque ocurre que hay cajeros con dinero en zonas donde la gente no se anima a ir, y así la demanda se concentra en pocas unidades“, describe Nuré.

    Así las cosas, razones que tiene que ver con:

    • Las limitaciones físicas de billetes en las máquinas.
    • Una alta inflación, que hace que se demande más dinero.
    • Cuestiones logísticas vinculadas con la mayor frecuencia de reposición.
    • Aspectos gremiales y de seguro del transporte.
    • Concentración de la demanda en lugares más seguros.
    • Razones culturales que hacen que los argentinos se manejen con más cash.
    • Y el costo que representa el capital inmovilizado para los bancos.

    Hacen pensar que, tal como describen los expertos, el problema de la falta de billetes podrá alivianarse, pero no resolverse completamente de un día para el otro.

    Vía: Infobae Profesional

     
  • UNYKA 18:12 el 4 January, 2011 Permalink | Responder
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    Ayúdanos a Ayudar! – Por los Tobas! 

    Aqui les copio la ultima nota del sitio de la Fundacion de Patricia Sosa “Por los Tobas” del Impenetrable.

    Es un modo de agradecer lo que estan haciendo por ellos y otro modo de que Uds. tambien se informen y que ayuden del modo mas simple que Uds. puedan: divulgarlo, juntar tapitas, llamar a ver como se puede ayudar, etc!

    Ademas les dejo aqui el link del Blog: Pequeños Gestos Por los Tobas

    Gracias y confío de corazón que Uds. también darán su granito de arena!

    Silvia -aka- UNYKA

    29.12.2010

    ya casi termina el año y estamos felices, aunque falta mucho por hacer. Cómo no vamos a estarlo si gracias a cada uno de ustedes, durante el 2010 llenamos 12 camiones repletos de donaciones!!!!! si, gracias a cada uno, a empresas como el Instituto Argentino de Gastronomía que mes a mes nos acompañó con donaciones de alimentos, a particulares que venían con una bolsa de supermercado o un flete lleno de donaciones!!!!!

    Como no vamos a brindar con felicidad si el objetivo 2010 está cumplido: con casi 51 grados que hace en este momento en Bermejito, ya dejamos tres comunidades con agua y el trabajo terminado para que otras dos también cuenten con este beneficio. Acá va un agradecimiento especial al Intendente de Vicente López, que sin la ayuda enorme que nos brindó, esta tarea hubiera sido muy difícil de realizar.
    Un detalle: saben por qué todavía no tienen agua las comunidades restantes? tuvimos que donar 3 transformadores a la cooperativa de electricidad de Bermejito porque nos decían que no tenían, lo hicimos, pero hasta el día de hoy, seguimos dando vuelta con el tema..volvemos al tema de la falta de voluntad, pero esperamos, con paciencia, con insistencia, no podemos creer que se prive de agua a tanta gente teniendo los materiales para hacerlo!!!!

    Pero seguimos brindando, agradeciendo haber visto huertas enormes, una solución al hambre, también por haber conocido a la Fundación Voces, con un proyecto de trabajo no esclavo para carpinteros y costureras.

    También brindamos por la ayuda de Emaus, que durante todo el año nos ayudó prestándonos su depósito, cuánta paciencia!!!!

    Y no queremos olvidarnos de la Asociación de Propaganda Médica de Vicente López, donándonos tantos remedios en cada viaje, de Hughies y Pampers que hicieron que los camiones fueran llenos de pañales, a Fundación Telefónica que siempre nos acompaña.

    Y principalmente queremos agradecerles a cada persona que confió en nosotros, los que en cada llamado nos llenaron de palabras de aliento y de agradecimiento, los que hicieron eventos hermosísimos durante todo el año a beneficio nuestro.

    Nuestra fundación se basa en la confianza y en el amor, nada más y nada menos que en éso, no buscamos otro beneficio que dar y recibir amor y lo hemos sentido en cada viaje y en cada donación, llamado o mail recibido.

    Hoy comienza nuestro “descanso”, aprovechando estos días para planear el 2011, con un objetivo muy difícil como son las viviendas, necesitamos mucho dinero, empresas que se asocien, manos e ideas.

    A mediados de febrero comienza nuestra tarea nuevamente, con toda la alegría de los logros alcanzados y con el orgullo de haber superado el objetivo de nuestra fundación, que es fomentar la solidaridad, gracias a ustedes.

    Que el 2011 nos encuentre juntos, haciendo realidad la posibilidad de un mundo mejor, nada hubiera sido posible sin lo que cada uno de ustedes aportó, y desde el fondo de nuestro corazón queremos desearles un año lleno de felicidad.

    Muy buen año!!!! nos seguimos viendo!!!!!

    Sandra Sosa

     
  • UNYKA 12:12 el 15 May, 2009 Permalink | Responder  

    Telefónica capea el temporal con ayuda de América latina 

    Noticias de Wall Street Journal – Jueves 14 de mayo de 2009 | Publicado en edición impresa

    MADRID- El conglomerado español de telecomunicaciones Telefónica SA
    anunció el miércoles un aumento de 9,8% en su ganancia neta del primer
    trimestre. El resultado fue impulsado por el sorprendente dinamismo de
    sus negocios en América latina, que ayudaron a contrarrestar la caída
    de los ingresos en Europa.

    Telefónica, la mayor compañía de telecomunicaciones fijas y móviles
    de Europa de acuerdo al valor de mercado, ha sentido el impacto del
    desplome del mercado español. O2, el operador del negocio europeo de
    telefonía celular de Telefónica, también se ha visto afectado por la
    recesión de Gran Bretaña y la caída de la libra esterlina.

    No obstante, el gigante madrileño de las telecomunicaciones disipó
    los temores de que sus intereses en América latina también flaquearían
    y resaltó las buenas perspectivas de la región. "Nos dimos cuenta de
    que la crisis (en América latina) es menos grave, comenzó más tarde y
    está mucho más centrada en el comercio exterior que lo que se observa
    en otras partes del mundo", dijo el director general de finanzas de
    Telefónica, Santiago Fernández Valbuena. Europa, en cambio, "es un
    grupo heterogéneo", añadió. "Las cosas claramente están más complicadas
    en España".

    Telefónica informó que la ganancia neta del primer trimestre
    ascendió a los 1690 millones de euros, unos US$ 2310 millones, frente a
    los 1540 millones de euros de los tres primeros meses de 2008. El mayor
    optimismo sobre América latina y una campaña de recorte de costos
    contribuyeron a que el grupo no haya alterado sus pronósticos para
    2009.Los ingresos de la empresa cayeron 1,4% a nivel mundial para
    llegar a los 13.700 millones de euros, unos US$ 18.660 millones, pero
    hay diferencias marcadas entre Europa y América latina.

    Los ingresos en América latina aumentaron 4,8% gracias al consumo
    robusto de la región. La facturación, sin embargo, descendió 4,2% en
    España debido a la fuerte recesión que atraviesa la economía, el alza
    del desempleo y la feroz competencia de las empresas de bajo costo. Los
    ingresos disminuyeron 6,6% en el resto de las operaciones europeas,
    perjudicadas por el bajo consumo y la brusca depreciación de la libra
    esterlina. O2 es el mayor operador británico de telefonía celular.

    Los inversores han considerado a los principales operadores europeos
    de telecomunicaciones como inversiones defensivas en los últimos 12
    meses, a pesar de que la crisis se ha intensificado. Las empresas de
    telecomunicaciones han rendido mejor que la mayoría de las cadenas
    minoristas o las empresas de bienes de consumo ya que los clientes de
    telefonía o Internet por lo general están atados a contratos.

    Pero ya han surgido algunos indicios preocupantes. Deutsche Telekom
    advirtió a mediados de abril que sus ganancias iban a estar por debajo
    de lo esperado, mientras que los ingresos de France Télécom
    prácticamente se estancaron en el primer trimestre. La ganancia neta de
    Telecom Italia disminuyó 4,5% en el primer trimestre a 463 millones de
    euros debido al descenso de los ingresos por líneas fijas en Italia y
    un menor crecimiento en Brasil.

    El bajón económico llevó al gigante español a implementar medidas de
    reducción de gastos que antes hubieran sido impensables. A fines de
    marzo, por ejemplo, Telefónica y la británica Vodafone Group PLC
    acordaron compartir parte de su infraestructura de telefonía móvil en
    Europa para ahorrar "cientos de millones de euros" durante la próxima
    década. El proyecto permitirá a las compañías compartir antenas y
    estaciones de transmisión y recepción en España y Alemania, consolidar
    redes en Gran Bretaña y expandirse a otros mercados. Telefónica también
    recortó sus gastos de capital en 12% para dejarlos en un poco por
    debajo de los 7.500 millones de euros (US$ 10.200 millones) este año.
    La mayor parte de los recortes tendrá lugar en mercados maduros de
    Europa, según la empresa; las inversiones en América latina no se
    verían afectadas.

    La compañía reconoce que tendrá problemas para retener a los
    suscriptores en mercados europeos maduros como España, y por esa razón
    está apostando fuerte a Latinoamérica. Telefónica es un inversionista
    clave en la región, con presencia en México, Brasil, Argentina, Chile,
    Colombia, Perú y Venezuela, entre otros países. "En Europa, es tiempo
    de cosechar, no de sembrar", dice Fernández Valbuena. "Nuestro modelo
    de crecimiento es latino, porque América latina es lo que está
    creciendo."


    Por Thomas Catan y Leila Abboud

     
  • UNYKA 14:17 el 3 May, 2009 Permalink | Responder  

    Marcos Aguinis Reportaje 

    Entrevista en la Feria del libro a Marcos Aguinis

    “Kirchner tiene la psicología del tirano”

    “Como él se está enriqueciendo, no se da cuenta de que está empobreciendo al país.”

    “Aquí existe una intradictadura donde Kirchner es un padre golpeador.”

    Decenas de afirmaciones de este tipo se desparraman a partir de la página 38, mientras que la primera mitad del reportaje fue sobre sus libros. El escritor pidió que Fontevecchia presentara su última obra y el director de PERFIL contrapropuso realizar este reportaje ante su audiencia.

    Por Jorge Fontevecchia

    “¡Pobre patria mía!”.

    “Me dijo un amigo:‘Marcos, lo que más admiro de tu libro es la cantidad enorme de puteadas que te mandás sin decir una sola mala palabra’.”

    (Al público: El libro que presentamos hoy en la Feria del Libro: ¡Pobre patria mía!, tiene 200 mil caracteres. Un reportaje de los que publica el diario PERFIL los domingos tiene 120 mil caracteres de desgrabación y la mitad una vez “desgrasada” la repetición propia del lenguaje oral. Normalmente, hacerlo lleva tres horas y cien preguntas, pero apelando al lenguaje más preciso y menos redundante de Marcos Aguinis, intentaremos hacerlo hoy aquí frente a ustedes en una hora y media. Son 56 preguntas divididas en 28 al escritor y otras 28 al pensador político. Comenzamos.)

    —¿Qué dice de la Argentina que el escritor de los libros más vendidos del país sea un psicoanalista?


    —Que el argentino necesita un tratamiento psicológico profundo, intenso, sostenido.

    —Para Freud, la psicología era la ciencia que explicaba racionalmente lo irracional. ¿Tenemos un país irracional cuya interpretación precisa provenir del psicoanálisis?

    —Es posible. Por alguna razón el psicoanálisis ha tenido tanto éxito en la Argentina. Es una sociedad que lo descubrió después de la Segunda
    Guerra Mundial y que adhirió a esta ciencia con mucho entusiasmo. Se desarrolló más que en cualquier otro país. Lo que ocurre es que los argentinos somos un pueblo muy especial. Especialmente en materia de depredación. Entonces, este hecho de que el psicoanálisis tuvo tanto
    éxito en la Argentina no ha significado un mérito para el psicoanálisis. Es como decir “el psicoanálisis no funciona muy bien, porque miren cómo le va a la Argentina”.

    —¿Que nuestro país tenga una de las ferias del libro más concurridas del mundo indicaría también que la Argentina es “un país de novela”?

    —Es un país de novela porque, como toda novela, nos mantiene siempre inquietos sobre el final. Aquí hay un permanente suspenso. El suspenso
    se ha incrementado en los últimos meses de una manera acelerada, como si se estuviese en un verdadero thriller. Cada semana hay una novedad
    que excita más a la sociedad y la pone más nerviosa.

    —El primer volumen de “El atroz encanto de ser argentino” (dicho sea de paso, superó los 200 mil ejemplares vendidos) apareció medio año antes de que comenzara la crisis terminal de la convertibilidad y un año antes del peor momento político y económico del país. El segundo volumen apareció alrededor de medio año antes de la crisis del campo y un año antes del fin del ciclo de recuperación económica del país.

    ¿Tiene una especialización en crisis?

    —Hace muchos años, cuando publiqué mi primera novela, Refugiados: Crónicas de un palestino, una década después se lo empezó a llamar libro profético porque había anunciado lo que nadie se animaba a anunciar en aquella época. Fue un libro escrito antes de la Guerra de los Seis Días y ya hablaba de la división de Palestina en dos Estados. No olvide que por ser judío tengo sangre de profetas. Y eso tal vez esté en los genes más arcaicos.

    —¿De tanto escribir en medios desarrolló olfato periodístico?

    —Puede ser. Pero yo diría que esto se fue desarrollando últimamente. Empecé a escribir en medios hacia finales de la dictadura.
    Fueron los momentos en que decidí dar la cara, jugarme y empezar a hablar a favor del retorno de la democracia. Y ahí comienza mi historia
    en el periodismo. Yo no soy periodista, no tengo formación, ni entrenamiento periodístico. Escribo columnas periodísticas, pero comencé hace poco (sic), hace dos o tres décadas.

    —Hablando de décadas, desde que comenzó, en 1963, lleva publicados 30 libros, a razón de uno cada dieciocho meses. ¿Qué fuerza lo hace tan prolífico?

    —Primero, usted es muy bueno para las matemáticas. A mí no se me había ocurrido ese cálculo. Yo me pregunto ahora cómo hacía para escribir
    antes, cuando era neurocirujano o cuando atendía un consultorio donde estaba sumergido ocho a diez horas diarias. Y no puedo contestarlo.
    Pero quizá la respuesta más lógica sería que cuando a uno le gusta algo, le encuentra tiempo.

    —¿A qué atribuye que la mayoría de sus últimos libros sean best seller?

    —Me parece que lo que el lector ha descubierto en mis libros es que yo digo lo que pienso. Que eso me lleva a ser políticamente incorrecto, a irritar, a ser desagradable a veces. O a entusiasmar también. Argentina es un país que padece tanto el doble discurso, la mentira, la falsedad, el fraude, que los lectores agradecen eso, que el autor les hable con franqueza. Y yo hago esto porque cuando escribo sé que lo hago para compartir ese texto con otra persona. No escribo para mí, escribo para otro. Si son muchos, mejor. Y con esos otros debo compartir lo que yo siento, de lo contrario se me irían las ganas de escribirlo, porque estaría diciendo algo que es falso, y no me entusiasma a mí mismo.

    —¿Hizo el secundario en la misma escuela que el Che Guevara?

    —Sí. En Córdoba, en el Colegio Nacional Deán Funes, que era un colegio bastante rebelde para aquel tiempo, donde, cuando yo entré, recién se
    estaba suprimiendo el uniforme. Se iba con un saco especial con un escudo. Yo lo viví en la época de la primera presidencia de Perón, y ya había pasado por ahí, unos años antes, el Che Guevara.

    —¿Con quien también coincidió en los estudios de medicina?

    —Pero el Che hizo la Universidad en Buenos Aires.

    —Usted sostiene que ha viajado por el mundo, pero también ha “viajado” por diversas profesiones. ¿En cuál de todas ellas, como literato, médico, psicoanalista, historiador, artista, profesor o político se sintió más a gusto y por qué?

    —En mi adolescencia percibía una necesidad de expresión artística muy intensa. Pero no sabía por dónde orientar esa fuerza interior. Lo primero que hice como manifestación artística fue dibujar y pintar. Llegué a un estado de obsesión tan grande que en Cruz del Eje, que es una zona muy seca, donde hay mucho polvo por todas partes, me acuerdo que mi madre me retaba porque siempre encontraba dibujos míos en todos los muebles, en todas las superficies horizontales, hechos sobre el polvo. Pero además dibujaba en los bordes de los libros, en los márgenes de los diarios. Es decir que todo espacio libre era llenado inmediatamente por un dibujo. A los diez años pensé que quizá la música era lo que mejor me llevaría a expresarme, y ahí comienzan mis estudios de piano. Muy intensos, muy obsesivos también, yo diría fanatizados. Para colmo, mis padres eran muy pobres y no podían comprarme un piano.
    Entonces iba a estudiar a la casa de mi profesora de piano, que tenía dos. Arreglé con ella para ir a su casa en momentos en que no hubieran
    otros estudiantes para poder quedarme más tiempo. El momento óptimo era el sábado, cuando teníamos un doble turno en el colegio. Yo volvía, me
    bañaba, y me iba a tocar piano. Llegaba a eso de las cinco de la tarde, y tocaba, tocaba, tocaba hasta que venían mis padres a buscarme,  preocupadísimos, a las diez de la noche, que no sabían dónde estaba. Yo creí que esa era mi profesión, la de músico.

    —¿Estudió medicina para conocer mejor al ser humano?

    —Sí. Yo tenía serias dificultades vocacionales. Y esto lo suelo recordar a gente joven que a veces me pregunta qué profesión elegir. Yo tenía muchas opciones. Ya me gustaba la historia, muchísimo. Me gustaba la literatura y había empezado a escribir mis textos clandestinos; además de la música y la pintura. No sabía qué carrera elegir y opté por la medicina diciendo “es lo más abarcativo que hay”. En aquella época leí una frase de Marañón, el famoso endocrinólogo español que fue al mismo tiempo un gran escritor. Decía Marañón: “El médico que sólo sabe medicina ni medicina sabe”. Y dije: “Ahí está la clave, la medicina te acerca a todo”. Además, yo todavía vivía la época en la que el médico era un humanista. Era un hombre que estudiaba y sabía de todo, y tenía una gran cultura. Me fascinaba ser médico, y mis estudios todavía engancharon con la etapa en que ir a la universidad era ir a un templo donde estaban los maestros. Y entrar a un hospital era ingresar a un lugar donde no había graffitis, ni suciedad en los pisos, sino un gran respeto. Y uno iba detrás del profesor que podía enseñar algo notable, y se acercaba a él como si por ósmosis pudiera transmitir sus conocimientos.

    —Completó sus estudios en Francia en el Hospicio de la Salpétrière, por donde pasaron Charcot, Freud y Lacan, y luego en Alemania, en Friburgo, donde está la famosa universidad de la que Heidegger fue profesor hasta los años 70, y desde la cual influyó, por ejemplo, sobre Sartre y Derrida. ¿Esa experiencia iniciática –por ejemplo, en la Salpétrière estuvo alojado Sade durante la Revolución Francesa– influyó luego en su carrera como escritor?

    —Cuando gané la beca para ir a Francia y perfeccionarme en neurocirugía en la Salpétrière, me sentí profundamente conmovido de ir a un lugar
    que históricamente tenía tantas credenciales…

    —Había sido el mayor hospital del mundo.

    —Sí, y había un servicio de neurocirugía que tenía grandes avances, e, incluso, estaban tratando de realizar la psiconeurocirugía.
    Es decir, una cirugía de extremada sutileza y precisión que lograra operar ciertos centros del cerebro que tenían una función psíquica especial. Y se pensaba que de esa manera se podía curar no sólo la epilepsia –que todavía se sigue haciendo neurocirugía para la epilepsia– sino la esquizofrenia, la depresión, distintos problemas psicóticos. Antes de viajar a Francia, había leído un libro de él de neuropsicocirugía que me entusiasmó mucho, y fui a hacer esa especialidad. Participé en operaciones de pacientes a los que había examinado antes y les había hecho el estudio psicológico. Y me
    encontraba con que seis meses después los síntomas habían regresado. Es decir que la operación funcionaba como una suerte de electroshock:
    producía un trauma cerebral en el paciente, pero no le curaba el trastorno. Y ahí me decepcioné y dije: “No, éste no es el camino”. En
    esa misma época comenzaron a aparecer los psicofármacos. Creo que el Ampliactil era uno de los primeros de ese tiempo. La psiconeurocirugía
    se fue abandonando como una ambición utópica.

    —Su primer libro fue publicado en 1963, cuando tenía 28 años, la biografía de un médico: el célebre Maimónides, médico, filósofo y rabino más renombrado de la Edad Media. ¿Es cierto que se había identificado con él como si fuera su reencarnación al punto de asociar que Maimónides había nacido en la Córdoba española y usted en su homónima argentina?

    —Sí, es cierto. Dijo bien que fue publicado en 1963, cuando yo volví de Europa. Pero lo escribí mientras era estudiante de medicina. Y lo entregué a varias editoriales que lo rechazaron con mucha prolijidad, cordialidad y firmeza. El libro fue rodando de editorial en editorial, como suele pasar con los escritores novatos. Esto es un consuelo para los escritores nuevos. Hasta que cuando volví de Europa, me encuentro con que una editorial, nada importante, se había interesado en el libro y lo publicó en 1963. Pero es verdad que yo encontraba en Maimónides una suerte de solución al conflicto que llevé mientras estudiaba medicina. Porque decía: “Si yo quiero ser una suerte de humanista, y me interesa la música, y me interesa la literatura, y me interesa la filosofía, y me interesa la historia, ¿qué hago yo estudiando medicina?”. Entonces, me di cuenta de que hubo otros que fueron humanistas, que fueron filósofos y que, al mismo tiempo, fueron médicos. Maimónides me daba la solución o me daba el modelo.

    —Ejerció la neurocirugía hasta que a los 40 años decidió renunciar a esa profesión. ¿La muerte de su primera esposa, como consecuencia de una hemorragia en la base encefálica, tuvo alguna relación con esa decisión?

    —Es la confirmación de la sabiduría que tienen las máximas populares cuando dicen en casa de herrero, cuchillo de palo. Sí, fue algo que me dejó muy alterado, diciendo: “Caramba, muere de una enfermedad que yo he operado tantas veces, que yo he curado tantas veces”. Pero fue una hemorragia tan rápida y una muerte tan acelerada que no dio tiempo ni siquiera de hospitalizarla. Después uno conoce otros médicos a los que
    les ha pasado lo mismo: han fallecido sus parientes de enfermedades que eran su especialidad.

    —Cuando se recibió de médico, ¿se imaginaba que algún día (1995) la Sociedad Argentina de Escritores le iba a conferir el Gran Premio de Honor por la totalidad de su obra?

    —Para nada, porque yo idealizaba tanto la profesión de escritor que no me animé a decir “soy escritor” hasta hace pocos años. Cuando iba de
    viaje, en el hotel ponía “médico” como profesión, no ponía “escritor”. Me parecía que ser escritor requería una cualidad excepcional. Por eso mis escritos han sido clandestinos durante mucho tiempo.

    —¿No se aprende? ¿Se nace?

    —Sí, pero yo no sabía si había nacido para ser escritor. Y como soy un perfeccionista, y no tengo la cualidad de Mozart, digamos, que escribía sin corregir… Más bien pertenezco a la corriente de Balzac, que no cesaba de corregir.

    —¿Cuántas veces corrige sus textos?

    —Infinitamente. Y ahora, con la computadora, uno no sabe cuántas veces corrige. Porque uno reescribe y corrige todo el tiempo.

    —¿Percibe vestigios de su anterior profesión de médico en sus textos? Le leo algunos ejemplos de “¡Pobre patria mía!”: “Todo golpe tiene un período de incubación”; “algunos comparan a nuestro país como una mujer golpeada y llena de hematomas”; “los historiadores revisionistas, superficiales o ideologizados, inyectan ponzoña intravenosa”; “agrego una nota de color fecal”; “contesto sin anestesia”; “los subsidios se convirtieron en un cáncer”, “ella usa el recurso de una virosis llamada anuncitis”.

    —Jorge Fontevecchia, si todos los lectores fueran como usted, la verdad es que ganaría muchísimo la literatura. Qué prolijidad de lectura, por Dios. Bueno, no hay duda de que ahí uno comete las confesiones profesionales, ¿no? Que me sale el médico de adentro, no hay duda. Yo escuché por ahí que “ni el médico ni el cura abandona jamás ni el guardapolvos ni la sotana. Aunque, aparentemente, se los quiten”.

    —Algunas universidades anglosajonas emparentan a los textos psicoanalíticos con la lingüística y hasta con la semiótica. ¿Al ser el psicoanálisis, como decía Freud, la cura por la palabra, es la profesión más cercana a la literatura?

    —Yo diría que sí. Máxime cuando el psicoanálisis nació como una actividad revolucionaria en una época en que se descalificaba a la cura por la palabra como actos de magia, de chamanes, de curanderos. Y entonces, cuando se empieza a usar la palabra como un instrumento de cura, hubo una verdadera revolución en toda la medicina. Pero al mismo tiempo, no nos olvidemos que Freud era no solamente un genio, sino un científico, en el sentido más amplio de la palabra. Mérito que no se puede atribuir a todos sus discípulos, que muchos no son científicos. Cuando una vez se le preguntó dónde estaban todos sus predecesores, él llevo a quien le hacía la pregunta hacia un rincón de la biblioteca donde estaban los grandes autores de la tragedia griega, Shakespeare, Dostoievski, Sófocles, y tantos otros grandes autores de la literatura, y le dijo: “Ahí están mis predecesores”.

    —Sobre la novela, usted escribió que “provee alas al espíritu, impulsa sueños y ensueños, nos hace más libres y menos prejuiciosos, aumenta la capacidad de comprensión y es un estímulo potente de la libertad”. ¿Por eso terminó prefiriendo las letras a la neurocirugía?

    —El entusiasmo por la literatura se produjo en mi caso, precisamente, por esa necesidad de expresión artística precoz. Porque ahí encontraba
    yo la posibilidad de acceder a todas esas potencias que tiene la novela. Estoy seguro de que si no hubiera nacido la literatura, el ser humano habría tenido una espiritualidad extremadamente pobre, limitada. Y muchos rasgos que actualmente valoramos la sensibilidad, el erotismo, la ilusión, los sueños, no habrían tenido la potencia que actualmente tienen.

    —Se considera que “La cruz invertida”, el libro por el que fue el primer latinoamericano en ganar el Premio Planeta de España (1970), anticipa las dictaduras militares. Como contemporáneo de los años 70, tan mencionados actualmente, ¿qué percepciones que hoy tiene la sociedad sobre esa década fueron tergiversadas por el paso del tiempo?

    —Cuando yo escribí La cruz invertida, se había producido el Concilio Vaticano II, que significó una positiva y enorme revolución dentro de la Iglesia Católica, realizada por un Papa que se creía intrascendente, de transición, que fue Juan XXIII. El manifiesta el deseo universal de avanzar hacia una mayor tolerancia, comprensión, pluralismo, libertad. Y eso fue traicionado por quienes en aquel momento se entusiasmaban con estas consignas. Porque nos encontramos con mucha gente que en aquella época clamaba por la libertad y la democracia, y que ahora no dicen una sola palabra sobre países que carecen de libertad y de democracia. Y que tienen dictaduras crueles, países que son verdaderas cárceles, donde se violan los derechos humanos, y donde no se acepta el pensamiento plural, sino que se impone el pensamiento único. En estos treinta años, el clima de progreso auténtico, genuino, que existía en aquel momento, fue traicionado por quienes dicen ser sus verdaderos representantes. Y yo creo que esos no son los verdaderos representantes: son los traidores. Es lo mismo que ha ocurrido con la Revolución Rusa. Por ejemplo, si uno lee las biografías de Lenin o Trotsky, se da cuenta de que eran personas profundamente imbuidas de un anhelo democrático, de progreso genuino, que la gente tenga mejor calidad de vida, y que la democracia exista siempre. Y que la pluralidad de pensamiento era algo que los enriquecía. Por ejemplo,
    Lunacharski (Anatoli Vasilievich), que estaba a cargo de toda la política cultural, los primeros años de la Unión Soviética, produjo un florecimiento, una primavera cultural. Pero todo eso después fue destruido, desbastado por el pensamiento único, por el control dictatorial y una degradación total. Pero ocurre que esa gente cree que seguía representando el progreso. Son los traidores de ese pensamiento, son los que en estos momentos usan sus etiquetas, pero son falsas, no las merecen.

    —Su libro “La conspiración de los idiotas”, que aparece en 1978, es un exaltado alegato contra la persecución de cualquier tipo. ¿Cómo fue su relación con la dictadura a lo largo de sus siete años?

    —Yo creo que me salvé de ser un desaparecido cuando me mudé, un mes antes del golpe (otro pensamiento profético), a Buenos Aires para estudiar psiquiatría y psicoanálisis y dejé la neurocirugía. En Río Cuarto yo era el intelectual, entre comillas, porque había ganado el Premio Planeta. Y para Río Cuarto fue toda una revolución. Y se decía que como yo era el intelectual, evidentemente, era un subversivo. Había gente que me buscaba y se corrió la voz de que me había fugado. En Buenos Aires mantuve un perfil bajo, me dediqué a estudiar y me enteré, en una de las Ferias del Libro, que había sido prohibida la exhibición de La cruz invertida. Mantuve el mayor cuidado pero no podía dejar de escribir. Entonces mejoré mi estilo porque, justamente, la necesidad de escapar de la censura, y usted lo sabe muy bien, lleva al desarrollo del lenguaje elíptico que insinúa y no dice en forma directa. La insinuación tiene un poder, literariamente hablando, mucho más grande que la frase directa. En 1981 me volví mucho mas insolente, más temerario, fundé la revista Búsqueda, que fue la primera revista política que ya hablaba de partidos político, una cosa prohibida en aquel entonces. Luego empecé a publicar en Clarín y en La Nación artículos bastantes bravos. Y antes que terminara la dictadura, publiqué un libro que fue toda una explosión: Carta esperanzada para un general.

    —Se perciben ciclos en su carrera literaria. Al comienzo hay más cuentos, biografía y novelas. Los cuentos y las biografías desaparecen en los últimos años. Sí se mantienen las novelas, aunque con mucha más preponderancia de los ensayos. ¿Es correcto presumir que los ensayos comienzan con la democracia porque en la dictadura la crítica sólo era posible metafóricamente?

    —Pueden haber influido esos factores externos. Pero también hubo un tiempo en que iba alternando una novela con un ensayo, como una forma
    de hacerle caso a un consejo de José Ingenieros, que leí cuando era adolescente: “Uno descansa de un trabajo haciendo otro trabajo”. Descansaba de la novela escribiendo un ensayo, y del ensayo escribiendo una novela. Pero después, en nuestro país de novela, los acontecimientos tan, digamos, gravosos, hirientes, que dañan al país, me obligaban a reiterarme en los ensayos.

    —En “La gesta del marrano”, publicada en 1991, vuelve con la denuncia de la discriminación étnica y religiosa, ¿anticipa su foco en los distintos sistemas de opresión y su rebeldía con todo aquello que asuma el monopolio de la verdad?

    —Creo que La gesta del marrano es el producto maduro de algo que se venía, para usar una palabra médica, incubando desde mucho tiempo
    antes. Por ejemplo, el hecho de escribir una novela donde los personajes opinan de manera diferente entre sí, discuten. Revelan una predilección por el pluralismo de pensamiento. Refugiados… es una novela de permanente debate, donde hay oposiciones muy encontradas, y allí son los personajes los que hablan, y no el autor. Esa es la diferencia con el ensayo, donde el autor expresa de forma directa su propio pensamiento.

    —“Un país de novela” también se anticipa a la debacle de la híper de 1989. ¿Otra vez su radar de crisis?

    —Un país de novela lo escribí ya hacia el final de la época de Alfonsín, anticipando que el país no iba bien y describiendo los conflictos que teníamos. Describí el gobierno de Alfonsín en la última parte, que tiene como título Purgatorio. El período de Alfonsín no fue de primavera, de florecimiento, de verano, sino de un purgatorio donde todavía las almas están en pena y no saben exactamente si van a ir al infierno o al cielo.

    —¿Se imaginaba en 1988, mientras escribía “Un país de novela”, cuánto “más de novela” sería su país veinte años después?

    —No. Siempre en lo consciente, para seguir con la jerga psicoanalítica, uno tiene la sensación de que las cosas se van a terminar por encaminar
    en una dirección u otra, y seguirán un curso más o menos recto. Lo que tiene la Argentina es un curso de víbora, serpentea siempre, no es un camino recto. Y esto hace que sea tan difícil que el país se comprenda desde afuera, y los mismos argentinos desde adentro sepamos hacia dónde
    ir. Yo creo que nuestra marcha de borrachos nos emborracha. No es que estemos borrachos: tenemos una marcha de borrachos que hace que estemos permanentemente desorientados sobre la brújula que deberíamos atender.

    —En el ’93, en “Elogio de la culpa”, sostiene textualmente que “la ausencia de la culpa hace más daño del que produce la culpa excesiva”.

    Por ejemplo, un psicópata no tiene culpa, ni ley, ni memoria. Viendo con ojos actuales la Argentina de los 90, ¿se podría decir que todavía entonces quedaban en la política algunos rasgos de culpa y en los últimos años se profundizó aún más la falta de culpa?

    —Lamentablemente, tengo que contestar que sí, que en la Argentina ha disminuido el sentimiento de culpa. La ausencia de responsabilidad y la
    ligereza con que se violan las leyes, la Constitución, las instituciones de la democracia, nos habla de que en la sociedad hay como una suerte de anestesia, poniéndolo en un término médico, por lo cual esto ya no lo sentimos, no nos alteramos. Por otra parte, la sociedad argentina ha sido muy permisiva, muy tolerante con las agresiones desde hace mucho tiempo. Quizás como consecuencia de que a partir de fines de la década de 1920 ingresan a nuestro país ideas totalitarias que reactivan ese ADN viejo del absolutismo monárquico español de la Inquisición, que está vinculado con el líder que maneja todo y resuelve todo, con la ausencia del pluralismo, con la falta de diálogo o de respeto por el otro. Y una suerte de cerrar los ojos ante la violación de la ley. Como que el rey, o su epígono local, puede cambiar la ley como mejor le convenga, y que eso está bien. Porque así
    ocurrió durante varios siglos. Como eso está profundamente enraizado en nosotros, la Argentina después de su independencia y después de esa
    frase de Manuel Belgrano, “pobre patria mía”, va hacia Rosas. Y a Rosas se le pone de título “Restaurador de las leyes”. ¿Cuáles leyes? ¿Las
    del 25 de mayo de 1810? No. Las leyes de la monarquía española. Del pensamiento único, de la censura, de la persecución, del monopolio del
    poder. Eso es superado con la Constitución de 1853. Pero la Argentina retrocede otra vez a finales de la década del 20, cuando otra vez
    ingresa aquí el pensamiento intolerante, totalitario, siguiendo una especie de inmigración clandestina. Porque estaba la inmigración de los
    seres humanos, pero venía también la inmigración del pensamiento europeo de la década de 1920. Se contamina toda Europa de las ideas
    totalitarias. Mussolini toma el poder en Roma, Stalin toma el poder en la Unión Soviética, Hitler hace su putsch en Munich.

    —¿Y Franco en España?

    —Y Franco en España, Salazar en Portugal, y eso entra en la Argentina. Y por eso el golpe de 1930 es claramente fascista. No nos olvidemos que
    el general Uriburu cuando toma el poder estaba retirado. Y que los oficiales argentinos, que tenían una educación mucho más legalista y
    constitucionalista de lo que nos imaginamos, se negaron a aceptar. El ejército siguió a Uriburu después que la sociedad lo siguió. Porque la sociedad ya estaba infectada. Y quiso reformar la Constitución e implantar una fascista. Felizmente, eso no ocurrió. No nos olvidemos que en 1926 ya un hombre de la inteligencia de Leopoldo Lugones hablaba de “la hora de la espada”. Y bueno, luego la Argentina en la Década Infame. Infame porque no solamente estaba el fraude patriótico, sino porque dejó entrar con mucha más fuerza esas ideas totalitarias. Llega el golpe de 1943, que ya es un golpe no solamente fascista: es nazi. Y los militares que hacen el golpe en ese momento designan como presidente a un general (se equivocaron) que no era nazi. Y a los dos días lo mandan de embajador y eligen a otro presidente, y así sucesivamente hasta que estamos en la etapa peronista, populista, con ingredientes copiados de Mussolini, obviamente. Y, bueno, la Argentina sigue y sigue así.

    —“Carta esperanzada para un general” mereció un segundo volumen en 1996. Luego, “Diálogos sobre la Argentina y el fin del milenio”, con monseñor Laguna, también tuvo dos volúmenes: en 1996 y 1998 (además de otro libro conjunto, “Las dudas y las certezas”, en 2001). Y también hubo dos volúmenes de “El atroz encanto de ser argentino” ¿Si algo funciona merece un bis?


    —Con Carta esperanzada para un general, el primer volumen tuvo un gran impacto. Estábamos rodeados de dictaduras, Uruguay, Paraguay, Brasil,
    Chile, y en la editorial me decían que como el libro estaba prohibido, los turistas se lo llevaban escondido en el fondo de las valijas. Incluso, en la Feria del Libro estuvo Jorge Amado, y quedó enloquecido con el libro. Me dijo: “Este libro lo tenemos que traducir inmediatamente en Brasil, que tenemos la dictadura”.

    —¿Y la segunda versión?

    —La segunda versión viene después de que el general Balza pronunció el discurso donde decía que era aberrante haber cumplido órdenes de
    tortura. En ese momento Editorial Sudamericana estaba reeditando todos mis libros y dije: “Bueno, de esa época a ésta hay cambios”. Y para ser
    justo, equilibrado y políticamente incorrecto voy a decir algo que en ese momento me parecía justo: las Fuerzas Armadas argentinas se estaban
    empezando a corregir, estaban empezando a cambiar. Y había menos corrupción y más obediencia a la ley en las Fuerzas Armadas que en el
    poder civil. Es espantoso esto, pero es así. El poder civil se estaba farandulizando. Entonces, dije: “Tengo que ser objetivo, voy a hacer una investigación de nuevo”. Fui, me recibieron los almirantes con un poco de recelo pero aceptaron y respondieron a mis preguntas. Entonces, el segundo libro sobre los militares tiene una primera parte donde describo la situación del Ejército en ese momento y pongo el libro de la primera edición, diciendo: “Para que no nos olvidemos qué sentía la sociedad argentina con respecto a los militares en 1982”.

    —El mismo año en que se publicó “El discreto encanto…” escribió junto al también psicoanalista Jorge Bucay un libro que compiló consejos sobre la pareja, la separación, la fidelidad, la infidelidad, la soledad, las crisis o las adicciones generados a lo largo de siete meses de conferencias conjuntas con su colega. ¿Le afectó luego la acusación de plagio que padeció Bucay por uno de sus propios libros?

    —Sí, lo lamenté profundamente. Con Bucay me divertía mucho. Es un hombre muy ocurrente. Y él y la editorial me insistieron mucho para que
    hiciéramos una cosa totalmente original, que es escribir un libro con los que lo leen. El público hablaba, hacía preguntas. Me acuerdo que en Rosario hablamos sobre el tema de la infidelidad matrimonial. Entonces, uno del público dijo: “Yo estoy a favor de la infidelidad matrimonial”. Y explicó por qué. Entonces, Bucay le dice: “¿Me puede dar su nombre?”. “No, yo mi nombre no lo doy”, le contestó. Eso fue grabado. Al día siguiente, el diario La Capital dijo: “Ayer, Bucay y Aguinis dieron la conferencia tal sobre tal tema. Una persona se paró en el público para decir que estaba a favor de la infidelidad conyugal y explicaba por qué. Estamos en condiciones de decir que ese hombre se llama tal y tal y vive en tal calle”. Fue divertido. Me afectó porque yo no me imaginaba esto. Pero Bucay, debemos reconocer, siempre insistió en que todos los cuentos que lo hicieron tan famoso no eran de él, sino que usaba cuentos populares, de otras civilizaciones. Pero claro, se acostumbró tanto a no citar fuentes que se le fue la mano.

    —Y en 2005 escribió “¿Qué hacer?”. Allí fue Ud. quien “plagio” a Lenin con su libro “Chtó diélat” que en ruso (fonético) quiere decir “Qué hacer”.

    —Muchos me decían: “Usted diagnostica muy bien. ¿Y cuáles son las soluciones?”. Entonces, me impuse un libro que tiene un título
    leniniano: ¿Qué hacer? Pero le puse de subtítulo “Bases para el renacimiento argentino”, que no es un subtítulo inocente. “Bases” se refiere a Alberdi, y “el renacimiento”, a la característica de la Argentina, que es un país que no tiene que nacer a la riqueza, sino que tiene que renacer a la riqueza que tuvo y que perdió.

    Sigue

    —Vamos
    a entrar en la segunda parte, en la política. Para Harold Bloom fue
    Shakespeare “el creador del hombre”; para este gobierno, el relato es
    casi más importante que la realidad. ¿Cuál es su opinión sobre el
    análisis del discurso que viene desarrollando Carta Abierta?


    —En ¡Pobre patria mía! hay una frase con la que me refiero a Carta
    Abierta y uso dos términos médicos que no mencionó, que muchos de los
    que firmaban Carta Abierta tienen bruxismo. Bruxismo es cuando se
    contraen mucho las mandíbulas. Y se les están cayendo los dientes de
    tanto bruxismo, porque se arrepienten de haber firmado ese adefesio,
    ese texto obsecuente, irracional, indigno, apoyando una gestión tan
    corrupta como la que actualmente padecemos. No quiero decir más.

    —¿Cuál es la relación entre su resistencia al dogmatismo inquisidor
    de la Iglesia y el pensamiento autoritario de las dictaduras previas a
    la restauración de la democracia, y su resistencia actual al
    kirchnerismo?


    —Nunca me gustó el autoritarismo. Cuando era joven, respondía a esa
    famosa expresión popular que dice que “cuando uno es joven y no es de
    izquierda, no tiene corazón. Y cuando uno es viejo y sigue siendo de
    izquierda, no tiene cabeza”. Incluso, leía Marx, y lo leía
    detenidamente y me consideraba marxista; tenía un conflicto muy serio
    porque estaba Stalin, que era un dictador. O sea que el pensamiento
    autoritario me salvó a mí de ser estalinista. Yo tengo mucho respeto
    por los valores iniciales de la izquierda, cuando nació con la
    Revolución Francesa, de apoyar la libertad, el pluralismo, la
    democracia, el progreso real. Esos son los valores que yo sigo apoyando
    y apoyé siempre. Algunos dicen que estos son ideales de la derecha.
    Resulta que ahora defender la democracia, defender la libertad y
    defender el pluralismo son ideales de la derecha.

    —Como psicoanalista, ¿cuál es su diagnóstico psicológico de Néstor Kirchner?

    —En pocas palabras, creo que tiene la psicología del tirano. Lo
    he dicho públicamente y está escrito en ¡Pobre patria mía!. El tirano
    es un individuo que tiene rasgos muy peculiares, están descriptos por
    muchos autores. Un amigo psicoanalista, Ricardo Mosconi, me orientó
    hacia la reflexión que hace Sófocles del tirano en Edipo Rey. Edipo Rey
    ha sido trabajado mucho por Freud en el aspecto sexual, del parricidio,
    del incesto, pero no tocó el tema del poder. Y Edipo es un individuo
    que está enfermo de poder. Y cuando desde el comienzo sabe que hay una
    peste en Tebas, la peste no está compuesta ni por el dengue, ni por las
    ratas, la tuberculosis o el paludismo, sino que está provocada por la
    tiranía. La peste es la tiranía.

    —¿Podría precisar las similitudes que existen entre Néstor Kirchner y Edipo?

    —Sí. Edipo no aceptaba opiniones diferentes de la de él. Tenía
    pensamientos paranoicos respecto a quienes lo rodeaban. Perseguía a
    quienes no comulgaban con su forma de dirigir el país. Y quería hacer
    lo que él consideraba que estaba bien y que lo satisfacía. Esto lo
    llevó a la catástrofe y, finalmente, tuvo una suerte de percepción de
    que él no había visto las cosas porque no quería ver. Psicológicamente,
    se dice que cuando se arranca los ojos comete castración. Pero también
    podemos decir, en términos menos profundos, que se arranca los ojos
    porque odia esos ojos que no supieron ver a tiempo y que no le
    impidieron ir hacia la catástrofe. Sófocles tiene otro elemento, que
    está en Antígona: Edipo, que ya está ciego, se enfrenta con el tirano
    que lo sucede, Creonte, quien le dice: “Edipo, ya estás ciego, ya te
    fuiste y querés seguir gobernando. No podés seguir gobernando, ya
    terminó lo tuyo”. Aquí tenemos una analogía casi textual. Es como que
    Sófocles haya descripto a Kirchner y que en el futuro, a lo mejor,
    algún dramaturgo escriba Kirchner Rey, en vez de Edipo…

    —Usted dijo: “La democracia argentina se ha convertido en un
    autocracia gobernada por una sola persona que, para colmo, no conoce lo
    que significa la productividad, ya que toda su vida y su flamante
    fortuna personal estuvieron ligadas a la especulación financiera”.
    ¿Cómo se explica, psicológicamente, la estrecha relación de Kirchner
    con el dinero? ¿Es anal?


    —Expliquemos en términos psicoanalíticos qué significa. El temperamento
    anal es aquel que tiene mucho que ver con el retener, con la obsesión,
    con el acumular. Osvaldo Bayer en La Patagonia rebelde señala que los
    antecesores de Kirchner fueron usureros en Río Gallegos. O sea que
    quizás hay una cuestión de ADN también ahí. El usurero no solamente
    quiere tener dinero. Es como lo que ha caricaturizado muy bien Walt
    Disney como el Tío Rico, o el Tío Patilludo, que necesita tocar el
    dinero, olerlo, acariciarlo. Evidentemente, es un político que creció
    en Río Gallegos, que se enriqueció durante la dictadura militar, que no
    sufrió persecución durante la dictadura militar ni amenaza de
    desaparición, que ni él ni ella firmaron un solo hábeas corpus, ni uno
    solo, mientras los abogados del país se jugaban la vida tratando de
    salvar gente con hábeas corpus; que parece que tenían una relación
    bastante cordial con algunos militares que estaban allá. En ese tiempo,
    se dedicó a hacer dinero de especulación financiera. Ejecutaba
    hipotecas y con eso consiguió dinero y propiedades. Es decir,
    especulación financiera. Luego, como gobernador modificó la
    Constitución, un rasgo más de tirano, mediante la cual puede ser
    reelecto hasta que se muera. La reelección indefinida es típica de los
    tiranos que quieren durar siempre, hasta la muerte, incluso después de
    la muerte.

    —¿“El avaro” de Molière sería otro ejemplo?

    —Claro, correspondería también. Y él tuvo un ingreso muy
    importante por las regalías petroleras. Además mandó el dinero de esas
    regalías al exterior, típico de alguien que quiere guardar el dinero.
    ¿Lo trajo de vuelta? Esto habla de una mentalidad de especulación
    financiera como única forma de hacer dinero. Esto tiene que ver también
    con cierta idea equivocada de la izquierda, que cree que solamente se
    hace dinero robándole al otro. Marx, obviamente, en sus tiempos, no
    conocía otra forma de enriquecerse que mediante la plusvalía. Es decir,
    hacer trabajar a otro y sacarla del sueldo o sacarla de algo. El
    colonialismo era sacar la riqueza de los países pobres. No conocieron
    Japón, Singapur, Nueva Zelanda, que son países que no son colonizantes,
    que no le roban nada a nadie y se han enriquecido. Es decir, no saben
    producir riqueza sin robar. Y tampoco conocen el sacrificio que
    significa la producción.

    —El dinero es para la mayoría de las personas un medio. Para cierto tipo de personas, ¿es un fin en sí mismo?

    —Creo que es así. Y lo he dicho en otro artículo, “Tengo un
    sueño” –no le quiero decir “profético”–, que publiqué el 9 de diciembre
    de 2003, cuando él tenía que asumir el 10, en forma oficial, su
    presidencia. Decía que todo el poder y el dinero que él había acumulado
    no lo debían usar como un fin, sino como un medio para beneficiar a la
    Argentina. Me equivoqué.

    —¿Qué le hace decir que “la única política de Estado que funciona es la del soborno”?

    —Esto es una acusación muy grave, políticamente muy incorrecta,
    pero es evidente que tenemos que ser ciegos, o sacarnos los ojos como
    Edipo si no la queremos ver. Por ejemplo, los planes sociales fueron
    instituidos porque había una emergencia económica gravísima y había que
    darle algo a la gente que no tenía con qué comprar un pedazo de pan.
    Pero hoy los planes sociales son la política del soborno. Por ejemplo,
    ayer viajé con un taxista que ingresó a un sector del gremio de los
    peones de taxi, que son los que no son dueños de vehículos. Y me dice:
    “Me pagan 100 pesos por ir a la marcha de Plaza de Mayo del 30 de abril
    por el Día del Trabajo”. Eso, si no es soborno, ¿qué es? Cuando a un
    gobernado como Binner se le dice: “Si no te sometés, yo no te mando el
    dinero de la coparticipación”. Cuando se le dice a dos senadores: “Si
    no votan a favor mío en el Senado, no va plata para Tierra del
    Fuego”… ¿Qué es eso? En este momento, el federalismo ha desaparecido.
    Todo se maneja con sobornos. La caja es el dinero que se le quita a la
    sociedad argentina para sobornar y seguir manteniendo el poder.

    —¿La inexistencia de un ministro de Economía pleno es otro síntoma de la especial relación de Kirchner con el dinero?

    —Yo creo que sí. Porque él cree que es el gran economista y que
    maneja todo de mil maravillas. Y no se da cuenta de que está
    empobreciendo al país. Simplemente, como él se está enriqueciendo, no
    tiene una clara visión de lo que está pasando con el país. Además, como
    no tiene claridad sobre el proceso productivo, no se da cuenta de que
    la Argentina está asfixiando el único nicho productivo real que tiene
    ubicación en el mundo, que es la producción de alimentos. La Argentina
    no va a producir chips, no va a producir autos con energía alternativa,
    no va a producir computadoras. No está en condiciones de hacer eso,
    está en condiciones de producir alimentos. Entonces, ¿qué hay que
    hacer? Una política agroindustrial coherente, consensuada, que permita
    que todo el mundo invierta en la producción de alimentos. La Argentina
    los vendería, el mundo los recibiría y los mercados estarían abiertos
    para la Argentina. Y empezaría a florecer nuevamente. Estamos en una
    crisis mundial como la tuvo el mundo en la Segunda Guerra. La Argentina
    en ese momento vendía alimentos y le iba muy bien. Incluso pudo regalar
    trigo. Ahora, podría otra vez estar muy bien. Estamos perdiendo una
    oportunidad. Esto lleva a que uno tenga rabia y diga: estamos perdiendo
    una oportunidad de oro por esta gente que está asfixiando a un sector
    que puede producir mucho y darle ganancia a todo el país.

    —¿El autoritarismo va acompañado de la paranoia?

    —Esto, en ¡Pobre patria mía!, lo planteo con un ejemplo sobre el
    dictador Hierón, quien llega un momento que dice: “Ya no doy más,
    quisiera dejar mi trabajo, esto me agobia”. “Y bueno –le dice el
    filósofo–, ¿por qué no renuncia?” “Es que si renuncio me devoran, me
    destruyen.” Kirchner tiene el grave problema, tiene la sensación de que
    aquí lo van a comer vivo cuando pierda poder. Entonces, está con una
    paranoia que tendría cierta racionalidad.

    —Las encuestas indican que si Kirchner encabeza las listas para
    diputados bonaerenses, el oficialismo sacaría menos votos que si dejara
    solo a Scioli al frente. ¿Por qué lo hace? ¿Es por lo que describió
    como la lógica de los tiranos que los lleva siempre a autodestruirse
    “enceguecidos por el capricho”?


    —Creo que hay algo de esto. El no puede dejar de ser el protagonista,
    el centro. Es una percepción equivocada la que tuvimos los argentinos
    respecto a él, incluso cuando designó a su esposa como Presidenta. El
    había dicho que iba a ir a un café literario. Incluso, estableció una
    oficina en Puerto Madero. Pero no soportó, tenía que estar en el
    centro. Y está en el centro de una manera muy clara, muy firme.

    —Dijo que Kirchner padece, literalmente, “una suerte de esclerosis
    psicológica que lo aísla del mundo”. En términos clínicos, ¿eso qué
    significa? ¿Es una suerte de psicopatía?


    —¿Sabe que yo no tengo custodio? Creo que, efectivamente, le cuesta,
    por los otros motivos que hemos venido señalando hasta ahora, tener la
    necesaria flexibilidad que le permitiría revertir su situación: la de
    la Argentina y la del matrimonial presidencial.

    —¿Se aísla del mundo?

    —Pero no diría que llega a ser psicótico. Ese es un cuadro mucho
    más extremo. Me parece que él todavía está en la neurosis. Tiene una
    neurosis muy acentuada con elementos paranoicos, algunos de los cuales
    son reales y otros no. Se habla de elementos paranoides cuando hay
    miedos injustificados. Yo creo que él no es psicótico y que podría
    cambiar. Pero es una fuerte neurosis que le impide hacer ese cambio que
    mejoraría a la Argentina y lo mejoraría a él.

    —Usted pronosticó que Kirchner va camino a su Waterloo. ¿Es porque
    desea el Waterloo, ese narcisimo masoquista de “nadie sufre como yo”, o
    porque se cree infalible?


    —Si volvemos al psicoanálisis, existe la llamada pulsión de muerte, o
    la pulsión fanática que han tenido verdaderos genios. Un genio
    indiscutible ha sido Napoleón. El Napoleón genial vuelve de la Isla de
    Elba, de la que se escapa, llega a la Francia continental con muy pocos
    soldados fieles y con muy pocas perspectivas de lograr tomar el poder.
    Pero se encuentra con la sorpresa que a medida que camina hacia Paris,
    cada vez es más grande la cantidad de gente que lo sigue, a pesar de
    que ya había sido responsable de la muerte de diez millones de
    franceses. Napoleón llega y toma el poder. Y Luis XVIII huye de noche,
    con un miedo atroz. Napoleón en ese momento podría haberse
    tranquilizado y decir: “Voy a ser el emperador de Francia, y dejar de
    ser el emperador de toda Europa; dejaré Rusia, dejaré Austria, dejaré
    España. Me quedo en Francia tranquilo”. Pero no. En él había la pulsión
    del todo o nada, y esa fue una pulsión tanática que lo llevó a decir:
    “Yo soy un militar genial, a mí nadie me gana como estratego”. Y casi
    podría haber ganado Waterloo. Pero si habría durado después, no se
    sabe. Había en él esta tendencia tanática que creo que tiene Kirchner
    también.

    —En su comentario sobre el último libro de George Steiner acerca del
    vínculo del hombre con los animales, recordó que Voltaire afirmó que el
    ser humano no es el único animal que sabe que va a morir, “que los
    elefantes envejecidos se retiran a un aislamiento sepulcral y los
    perros modulan su conducta ante la proximidad de la muerte, propia o de
    seres amados; (…) quizá el deceso venga acompañado por un olor que el
    atrofiado olfato de los hombres no percibe porque alrededor de las
    moradas de los sentenciados las lechuzas ululan, los cuervos graznan y
    los lobos aúllan”. “Los animales también anticipan el peligro
    inmediato: ‘huelen’ terremotos, tiemblan ante un trueno antes de que lo
    oiga el hombre, cavan zanjas, almacenan comida o alzan vuelo.” ¿El
    psicótico no sabe que va a morir, o no le importa morir?


    —Es una pregunta bastante difícil. No podría responder si el psicótico
    percibe menos que el que no es psicótico esa inminencia de la muerte.
    Posiblemente el psicótico la perciba menos. Pero tanto el psicótico
    como el que no lo es están habitados por la pulsión de muerte. Y es la
    que tenemos que combatir todo el tiempo. Eso es lo que se trata de
    corregir en los tratamientos.

    —Ahora yo lo plagio para hablar del Primer Centenario y de este
    segundo que cumpliremos el año próximo. ¿A principio del siglo pasado,
    la política de la Argentina se parecía más a Atenas, mientras que a
    principios de éste sus métodos se identifican más con Esparta?


    —La Argentina nunca estuvo mejor que durante el Primer Centenario. Un
    país que irradiaba esperanza, promisorio, que era casi un milagro, que
    se había convertido en el país más productivo, culto e interesante de
    toda América latina. Octava economía mundial, a donde fluían millones
    de habitantes. Efectivamente podía parecerse a Atenas porque había una
    gran cultura, había una política educativa muy firme que siguió durante
    una década más, hasta que empezó la decadencia.

    —Se escondieron los números reales de los casos de contagio de
    dengue, lo mismo se viene haciendo desde 2006 con los de la inflación,
    y hace treinta años se hacía con los desaparecidos. ¿La negación es uno
    de nuestros caracteres más distintivos?


    —Sí, tendemos a negar. Y agregamos la tendencia a echarle la culpa a
    otro de nuestros males. Son esas dos cosas que van juntas: la negación
    y poner la culpa afuera.

    —Ud. citó al rey que mandó asesinar al oficial que lo había salvado
    en una batalla, para que no hubiera un testigo de su debilidad,
    descrito por Plutarco, como aplicable a Kirchner. ¿Quién sería aquí el
    oficial a asesinar?


    —Cobos con su voto “no positivo”, muy vacilante, muy culposo, le hizo
    un bien al Gobierno y le hizo un bien al país. Lo que pasa es que el
    Gobierno no tenía la flexibilidad, la inteligencia de decir al día
    siguiente: “El Congreso decidió otra cosa, a partir de ahora convocamos
    a todos los sectores vinculados al sector agroindustrial y hacemos una
    política agroindustrial que lleve al país adelante”. Con eso, habrían
    ido para arriba.

    —De Cristina Kirchner dijo que “sus desplantes son mezcla de
    soberbia, ignorancia y elementos histeroides que explican su obsesión
    por la apariencia y por sobreactuar sus dificultades de género”.
    Concretamente: ¿ve histeria en Cristina Kirchner?


    —Sí, hay histeria expresada en su aspecto físico y en su ropa.

    —Usted escribió que “los argentinos nos exaltamos y deprimimos.
    Creemos en espejitos de colores y, cuando falla la magia, explotamos
    como bombas. Tenemos una emoción lábil. Hasta podría decirse bipolar”.
    ¿Cristina Kirchner tiene síntomas bipolares?


    —No la conozco en forma directa, nunca la traté. Pero por algunas de
    sus manifestaciones y por los esfuerzos que hace su entorno, da la
    sensación de que sí. Por ejemplo, tantos viajes, tantos aplausos,
    tantos actos donde se inauguran inodoros, carpas, son para que la
    aplaudan y le quiten la depresión. O sea que hay, evidentemente,
    elementos bipolares.

    —También escribió que “en política –como en el barroco– hay pánico
    al vacío”. ¿Cómo funciona ese pánico, tanto en los políticos como en
    los ciudadanos? ¿En el caso de Kirchner, por ejemplo, sería siendo
    hiperquinético con una sorpresa todos los días?


    —Sí, el miedo a que ese vacío sea ocupado por otros. Ser el centro, ser
    el que tiene la iniciativa de impedir que otro ocupe ese espacio
    porque, si no, se lo quitaría a él. No lo vive como una interacción,
    como un diálogo, como una posibilidad. Lo vive como que le quitan algo.

    —¿Lo aleja de la objetividad su disgusto personal con el matrimonio
    Kirchner reflejado en frases de “¡Pobre patria mía!” como “agresivo
    tonito de montonera soberbia” o “gigante mítico con nariz de hacha y
    ojos omnívoros?


    —Ahí está el poeta que no solamente describe flores, sino también
    espinas. Yo creo que es una licencia mediante la cual uno expresa lo
    que sienten millones de argentinos cuando están indignados. Me dijo un
    crítico hace poco: “Marcos, lo que más admiro de tu libro es la
    cantidad enorme de puteadas que te mandás sin decir una sola mala
    palabra”.

    —En “¡Pobre patria mía!”, Ud. habla de la intradictadura de Néstor
    Kirchner, quien “humilla a su círculo íntimo y leal como un padre
    golpeador. Si a ellos los doblega sin piedad, el mensaje llegaba al
    resto de la gente con nivel multiplicado de alarma”. ¿Qué diría la
    terapia sistémica, especializada en tratar grupos patológicos, de la
    intradictadura?


    —Lo que ocurre en una familia, si hablamos desde el punto de vista
    sistémico, donde hay un padre golpeador. Evidentemente, basta con que
    le pegue a la mujer para que los hijos estén aterrorizados. Y esto es
    lo que nos sucede actualmente. Cuando Kirchner asumió, a los pocos días

    supuesto, tuvo su efecto. Y así fue denigrando a otras personas de su
    círculo íntimo. Cuando asume, Cristina sigue el mismo modelo,
    ningunéandolo a Cobos. Cobos no estaba enterado de muchas cosas que se
    decidían y le piden después lealtad. ¿Lealtad a qué? “¿Qué me
    preguntaron, qué opinión me pidieron?”. Aquí existe una intradictadura.
    Es decir, todo el círculo interior tiene que estar sometido al
    pensamiento dominante de Néstor. Al extremo de que, por ejemplo,
    Montoya, que fue felicitado por la Presidenta hace pocas semanas, por
    el solo hecho de haber cometido el pecado mortal de decir que hay más
    diálogo, lo echan.

    —El método no es nuevo. En “El Padrino II”, Mario Puzo construyó una
    escena donde Michael Corleone manda matar a su hermano Fredo. Las
    mafias se especializan en mensajes del tipo “si estoy dispuesto a matar
    a mi familia, no dudaría en hacer lo mismo con quien me desafíe”.


    —Sí. Hasta el momento, y lo digo en el libro (lo que tengo que
    reconocer, lo reconozco), a pesar de que Kirchner tiene la psicología
    del tirano, no hubo un solo periodista ni político arrestado ni
    asesinado. Eso es positivo, desde luego. Pero que el terror existe,
    existe. Y que la censura existe, existe. Ahora, este código de que
    nadie puede sacar los pies del plato porque si no queda afuera se ha
    logrado imponer. Entonces, existe esta intradictadura, este código
    mafioso mediante el cual la obediencia tiene que ser absoluta.

    —EE.UU. “justificó” las bombas en Hiroshima y Nagasaki como
    herramientas de disuasión para que Japón no continuara la guerra
    generando más víctimas que las bombas atómicas. ¿Podría haber un
    verdadero objetivo disuasorio?


    —Me atrevería a decir que no es producto de un plan racional elaborado
    con serenidad, como lo hace un militar que está planeando un ataque
    para ganar una guerra, sino que es producto del temperamento que él
    tiene.

    —Escribió que tenía “goce por degollar”.

    —Exactamente, porque esto ya fue descripto antes que él asumiera
    la presidencia, cuando se enojó muchísimo este matrimonio debido a una
    nota que describía que esa técnica, por ejemplo, de controlar el Poder
    Judicial, perseguir a la oposición, censurar a la prensa, ya existía en
    Santa Cruz.

    —Ud. dijo que “los grandes males que este matrimonio le está
    infligiendo al país pueden, paradójicamente, generar un consenso
    general de que debemos unirnos en pos de algunos puntos clave: calidad
    institucional, independencia de los poderes, políticas educativas y
    sanitarias, de defensa y de seguridad”. Y en su libro pronosticó que
    “volvería a producirse un reencuentro jubiloso como el de 1983”. ¿En
    2011 gana Cobos o Carrió?


    —Yo estoy hablando de 2009. Todavía creo que estamos a tiempo, a pesar
    de que los plazos se acortan, de que luego de esta especie de fiebre
    para formar las listas, con toda la farsa que es este armado de
    carnaval, superemos al fraude patriótico. Esto es un fraude anunciado,
    un fraude carnavalesco. Cuando se calme esto, yo creo que es muy
    posible que los sectores republicanos y constitucionalistas que existen
    tanto en el llamado peronismo republicano o en los sectores con ADN
    radical logren consensuar un programa legislativo. Es lo que yo estoy
    rogando que se ponga en marcha: un programa legislativo que se
    juramenten estos dos bloques a implementar en el Congreso. Y no estar
    dividido en tres partes: los kirchneristas, los radicales y los
    peronistas. Sino que los sectores republicanos se unan y pongan en
    marcha ese consenso legislativo que tenga que ver con volver a colocar
    a la Argentina en los carriles de la Constitución, de la legalidad, del
    progreso y de los controles que hemos perdido.

    —A usted le gustó el libro de Rosendo Fraga sobre historia
    contrafáctica titulado “¿Qué hubiera pasado si…?”. Como Fraga arranca
    en el Virreinato y llega hasta qué hubiera pasado si la Argentina
    recuperaba la soberanía de las islas Malvinas, le propongo continuarlo.
    ¿Qué habría pasado si en 2007 hubiera habido ballottage y Carrió o
    Lavagna era electo presidente?


    —Las cosas habrían marchado mejor porque todavía estaba el viento de
    cola, todavía las cosas funcionaban bien en la Argentina. En ese
    momento, había una producción agropecuaria extraordinaria; pueblos del
    interior que estaban muertos, habían resucitado. Ciudades grandes, como
    Rosario, que eran feas, se habían convertido en unas bellísimas
    ciudades. Es decir, la Argentina estaba encaminada en una buena
    dirección. Y ninguno de los dos candidatos, ni Carrió ni Lavagna,
    habrían usado el sistema de la caja que es, me parece a mí, el sistema
    de la política de Estado del soborno, sino que hubieran tratado de
    implementar otra medida.

    —¿Y si en 2003 Reutemann hubiera aceptado ser candidato y hubiese sido él y no Kirchner el presidente?

    —Creo que estaría muchísimo mejor también, porque Reutemann
    conoce las bendiciones de la producción. No piensa en la riqueza a
    través de la especulación financiera. El es un productor y él vive en
    una provincia productora, como Santa Fe. Entonces, ahí hay una gran
    diferencia con Kirchner. Y por otro lado, Reutemann, que fue gobernador
    en Santa Fe, no mostró los rasgos autoritarios que mostró Kirchner en
    Santa Cruz. Me parece que si Reutemann hubiera aceptado en aquel
    momento, a la Argentina le habría ido bien. Creo que es una suerte de
    demanda que tiene la sociedad argentina de decirle a Reutemann, si se
    presenta ahora: “Es bueno que se presente ahora de candidato, ¿pero por
    qué no lo hizo antes?”. ¿No siente arrepentimiento, no siente culpa por
    haber privado a los argentinos de una posibilidad mucho mejor de la que
    nos tocó en desgracia?

    —Usted fue el secretario de Cultura de Alfonsín, ¿qué sintió al ver la despedida popular que mereció?

    —En primer lugar, diría que en ese momento la Secretaría de
    Cultura era activa, dinámica, y ahora es una secretaría absolutamente
    irrelevante. Aparte, el discurso inaugural de la Feria que pronunció el
    secretario Nun es como si no existiera en el país. Al presidente
    Kirchner o a la presidenta Kirchner no les interesa la cultura.
    Alfonsín estaba sobre nosotros. Casi semanalmente nos hablaba por
    teléfono y nos preguntaba cómo iban las cosas, estaba interesado por el
    patrimonio cultural. En ese sentido, hay una enorme diferencia.
    Respecto de la despedida popular, fue un mensaje espontáneo, inesperado
    y potente que la sociedad les dio a los políticos. Porque la prensa no
    habló mucho sobre la gestión de Alfonsín. No se dijo si era muy bueno,
    regular, malo. Se habló del hombre, de la conducta de Alfonsín. Y se
    dijo: “No fue ladrón, no fue soberbio, no usó jamás la palabra
    ‘enemigo’ para referirse a los que no pensaban como él”. Trataba de
    acercar a todas las partes, con lo cual, políticamente, perdió puntos
    cuando, por ejemplo, dijo que Rico fue un héroe de las Malvinas. Quería
    acercar a las Fuerzas Armadas a la democracia; en ese momento, las
    Fuerzas Armadas tenían mucho peso. No agredió a los gobernadores de las
    provincias justicialistas que imprimían dinero violando la
    Constitución. Y no intervino ninguna provincia. Toleró catorce paros
    políticos en contra, sobre los que la viuda de Ubaldini pidió perdón. Y
    bueno, esa conducta de querer acercar, manifestarse tolerante a él le
    costó mucho, por cierto. Sin embargo, es lo que la sociedad argentina
    está pidiendo, quizás por contraste con lo que vivimos ahora.

    —Le pregunto al médico: ¿cómo se hace para, a los setenta y cuatro años, estar tan lleno de energía?


    —Volvamos a la jerga psicoanalítica. Creo que en mí predomina Eros sobre Tánatos.

     
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