Entrevista año 2008


Quino, aquí y ahora

"El que ha leído bien Mafalda sabe perfectamente qué diría ella de Bush y de toda esta gente", dice su creador en una extensa entrevista en exclusiva con Ñ Digital. Además, habla de la actualidad del humor gráfico, de las preguntas repetidas que más lo agobian, de sus obsesiones actuales y hasta de la reciente crítica de la presidenta a su amigo Hermenegildo Sábat.

Por: Guido Carelli Lynch

EL MUNDO DE MAFALDA. En 1981, se estrenó la única animación que se hizo de la histórica historieta. Poco después su creador se arrepentiría de semejante decisión.

SU HIJA DILECTA. Joaquín Salvador Lavado y Mafalda, su eterna compañera.

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PREGUNTAS ODIOSAS. El dibujante mendocino las enumera con humor.

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La tentación está latente, pero vale la pena intentarlo. Después de todo, en los últimos 44 años Quino ya contestó todo las preguntas posibles sobre la pequeña contestataria, la de las grandes preguntas. Ya dijo y repitió en infinidad de entrevistas –muchísimas posteadas en los recovecos de la Red- que su carácter es un híbrido entre el inseguro Felipe y el soñador Miguelito. Dejó sentado también que el capitalismo –aunque de barrio- a ultranza de Manolito y el fundamentalismo casamentero de Susanita son facetas que desprecia, del mundo y de sí mismo. Sabido es también que todavía hoy comparte con la militante anti-sopa su fanatismo por los Beatles. Declaró también alguna vez que Libertad y Miguelito eran los personajes más prometedores cuando decidió abandonar, después de diez años, la tira de humor político que apareció por primera vez el 29 de septiembre de 1964 en Primera Plana, que fue traducida a 30 idiomas y que "lo acompaña" desde entonces.
Pero 35 años de duelo son suficientes, aunque los lectores renieguen. En esas tres décadas y media, Joaquín Salvador Lavado –Quino, para todos- jamás dejó de trabajar metódicamente sus nueve horas diarias para plasmar mundos tragicómicos, testimonios de éste más lúgubre. Entonces, si ya dijo todo sobre su pasado, vale preguntarle por su actualidad y poco sobre el futuro "ya que es muy cortito", dice, muy cercano a cumplir 78, sin escatimar en realismo ni en humor negro.
El presente, al menos hasta julio cuando volverá a Buenos Aires, lo encuentra entre París, Milán y Barcelona, adonde viajó el último domingo para cerrar el Salón del Cómic, cita obligada de historietistas de todo el mundo.

−¿Este tipo de eventos le sirven para ver más de cerca el estado actual del humor gráfico?
−Supongo que sí, pero hace mucho que no voy. En realidad el cómic no es humor gráfico, es lo que llamamos historieta, pero no me atraen mucho. Bah, en realidad para ser franco no me atraen nada –confiesa entre risas. Nunca los pude seguir, ni siquiera a los clásicos como Corto Maltese. Me gustan los dibujos, pero nunca seguí las historias.

−Entonces le repregunto, ¿cómo ve la actualidad del humor gráfico?
Lo veo bastante mal, no digo en vías de extinción porque veo dibujantes nuevos como Tute, pero noto que desde la vuelta de la democracia se empezó a hacer humor político con personajes reales con nombres y apellidos, y se cayó más en ese tipo de sátira política que en el humor gráfico tradicional. No me parece mal tampoco, pero me quedaba con el otro. Estamos desapareciendo en todo el mundo, porque también quedan muy pocos de los dibujantes franceses de humor gráfico, quedan muy pocos, como Sempé.

−¿Y aquí en Argentina?
−Quedamos los más viejitos como el Negro Caloi, Crist y yo. De los nuevos, sacando a Tute que sigue la tradición del viejo, se ha caído más en el costumbrismo. Por el otro lado está Liniers, que reflota algo muy suyo como la historieta norteamericana de los años 30.

−Pensando en la excesiva autorreferencialidad de los humoristas gráficos actuales que premitió la democracia, era Borges quien decía que los recurrentes gobiernos militares lo habían ayudado paradójicamente a escribir mejor, a trabajar más con la elipsis. ¿A usted le pasaba lo mismo?
−Uno se ve obligado a hacerlo, pero prefiero trabajar con total libertad y no tener que estar inventándome caminos para que no se note o no me censuren. Yo empecé a publicar en el año 54 y ya entonces me decían "pibe, chistes sobre militares no, sobre el divorcio no, que atenten contra la familia no, ¿sexo? ni hablar. Toda mi carrera la hice bajo censura. Pero en Argentina siempre fueron los jefes de redacción los que decían "esto mejor no publicarlo ahora". Nunca hubo una cosa tan establecida ni tan clara….

"Las mismas preguntas"
Basta revisar un archivo periodístico, una simple búsqueda por Google para constatar una vez más que las preguntas para este dibujante, antes que nada, están siempre referidas al pasado y son, casi siempre, las mismas, las que fuerzan las respuestas de cassette. "Es muy difícil que me pregunten por el futuro, porque es tan cortito…Hace muchísimos años vi por televisión una entrevista al pianista Vladimir Horovitz que estaba con su mujer -la hija de Arturo Toscanini- que decía ‘los periodistas siempre hacen las mismas preguntas, siempre las MISMAS preguntas’. Entonces no es que a mí me hagan siempre las mismas preguntas, se ve que siempre ocurre lo mismo", explica sin contener la carcajada.

−¿Qué es lo que más le molesta que le pregunten?
Bueno, hay algunas cosas como "¿qué quiso decir cuando dibujó tal cosa?". Y yo pienso, si no se entiende mirando el dibujo quiere decir que soy un fracaso como dibujante. También, cuando me preguntan qué diría hoy Mafalda sobre lo que está pasando. No es que me moleste, pero no tengo la menor idea. Además, lo que tenga que decir hoy, lo hago con mis dibujos actuales. Esas preguntas me parecen fuera de lugar y repetidas. El que ha leído bien Mafalda sabe perfectamente qué diría ella de Bush y de toda esta gente.

−¿Y entonces qué es lo que tiene Quino hoy en la cabeza, qué es lo que lo perturba ahora?
−Me cuesta mucho renovarme en la temática y en el estilo de dibujo y quisiera encontrar una cosa mágica como para lograrlo. No sé si lo voy a encontrar. Ya lo dijo Enrique Pinti: cuando uno es joven cree que tiene 5 mil ideas, luego se da cuenta de que apenas son 50 y que siempre se van modificando, aunque son siempre las mismas. Eso se nota mucho en Woody Allen, por ejemplo. Por eso, tipos como Picasso o Bach eran tan geniales, porque podían componer cosas totalmente distintas todas las semanas.

−En un mundo tan convulsionado, pero con más libertad de expresión que nunca, ¿cómo vivió la polémica y la violencia que desataron las caricaturas danesas sobre Mahoma el último año?
−Lo de mayor libertad es relativo. Después del 11 de septiembre la cosa se achicó muchísimo. Con respecto a lo de Mahoma, me parece que no se puede estar provocando como hicieron los daneses y los holandeses un poco estúpidamente. Si hay una religión que dice no se puede retratar la figura de su profeta, me parece que hay que respetarlo. Hay muchas maneras de atacar todas las limitaciones que pueda tener el Islam sin provocar de esa manera. Eso me parece tonto.

Presente y política
Un tema siempre espinoso para Quino fue prestar o negar la figura de su Mafalda para campañas políticas o de bien público. Así, sin autorización legal ni previa, Guille el hermano de la niña idealista fue la cara de una de las cruzadas políticas del ya casi desaparecido Modin, facción que se encuentra en las antípodas ideológicas de este dibujante hijo de exiliados republicanos españoles. Sin embargo, pese a su habitual renuencia ahora puede verse a Mafalda de vuelta en la vía pública con el sello incluido de la gobernación bonaerense.

−¿Por qué decidió ceder esta vez a Mafalda, para la campaña de promoción de la lectura en la provincia de Buenos Aires?
−Bueno, porque me parece que el motivo va más allá de una ideología política. Creo que promocionar la lectura le va bien a todo el mundo, más allá de lo que pueda ser políticamente el que maneje la campaña.

−¿No le da miedo quedar pegado a campañas que luego puedan demostrarse vacías de contenido, simples eslóganes proselitistas?

−Sí, pero algunos riesgos hay que correr en la vida, tampoco es tan grave.

 
−Este año se cumplen 40 años del mayo francés, la misma época en la que Mafalda fue traducida al francés. ¿Cómo recuerda esos meses?
−Los recuerdo muy llenos de entusiasmo, porque la gente tenía casi la convicción de que el mundo se podía cambiar para mucho mejor. Había una efervescencia muy mezclada con algo inocente. No en vano las personas que lideraron los movimientos fueron absorbidas por el sistema y terminaron ocupando cargos en gobiernos -no digo conservadores- pero casi que no querían que la cosa cambiara tanto.

Mi amigo Menchi
Parte de la rutina de trabajo insoslayable de Quino reside en estar informado. Sin embargo, su nomadismo entre Francia, España, Italia y Argentina hacen que –por fortuna para él- no pueda seguir de cerca algunos de los acontecimientos más penosos de la política vernácula. Por eso, ante la consulta por las críticas de la presidenta Cristina Fernández a la caricatura de su amigo Hermenegildo Sábat, no sorprende que los roles se intercambien y que sea ahora Quino quien pregunte. "Algo me contó una amiga, ¿pero cómo era el dibujo? ¿Y el Menchi dijo algo?", interroga con humor. También aprovecha para indagar sobre el paro agropecuario, el mismo que mantuvo en vilo al país durante casi todo marzo. "¿Y ahora qué ambiente hay?". Y entonces Quino se entera que por estos días de lo único que se habla es del humo futurista y omnipresente, entonces, piensa, ríe y dispara: "como metáfora, la verdad es genial: de cortina de humo, de cortina de humo", repite sin terminar la oración, y no hace falta.

−¿A usted que le tocó vivir la censura en carne propia, qué le provocan este tipo de cuestionamientos en plena democracia?
−Muchísima pena, muchísima angustia. Uno está acostumbrado a estos avatares de América latina, uno cree que se van a arreglar y qué sé yo…No es sólo Argentina y América latina, es el mundo…Yo llegaré el 5 de julio a Buenos Aires, me quedaré bastante tiempo, espero que mejore la situación, que podamos comer carne y tomate tranquilitos, sin pasar penurias.
Y no hay más tiempo, sólo una carcajada sorda, como las de sus chistes.

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